"Ven. Siéntate conmigo en el césped
antes de que otro césped crezca con tu polvo y el mío."

(Omar Jayyam, Rubaiyyat)

viernes, 12 de junio de 2015

EL POLÍTICO Y EL IDIOTA


       Corría febrero del 2014.

     Apenas había transcurrido un mes y pocos días desde la presentación oficial de Podemos en el madrileño Teatro del Barrio. Pablo Iglesias, conocido ya entre los movimientos sociales que, desde mayo del 2011, venían reclamando en calles y plazas una regeneración democrática y una participación directa de la gente en dicha transformación, tomaba el testigo y, apoyándose en la infraestructura organizativa de Izquierda Anticapitalista, proponía la creación de una herramienta política que diera cauce a esa necesidad de cambio democrático, social y ético.
     La presumible sinceridad y energía de su propuesta, así como su pasado activista y mediático, lograron desbordar todas las previsiones y en apenas dos días recibía el aval de más de los 50.000 apoyos requeridos para liderar aquel proyecto de participación directa en la regeneración democrática del país.

23 de mayo de 2014. Cierre de campaña
de Podemos a las elecciones europeas.

     Con aquel discurso inicial e iniciático, supo transformar la indignación en ilusión para un gran número de gentes que se negaban a seguir habitando el páramo político que veníamos arrastrando desde... tiempos inmemoriales.
     En mi barrio en concreto, la propuesta cayó como agua de mayo. El terreno venía ya abonado de antes. Y así, como ya he indicado, mes y pico después de que Pablo Iglesias concediera la rueda de prensa con la que oficialmente ponía en marcha Podemos, el Círculo de Arganzuela hacía su presentación pública en el hoy tristemente desaparecido "A tu Ritmo".

22 de febrero de 2014. Presentación
pública del Círculo PodemosArganzuela.

     En aquella ocasión, me tocó hacer de moderador en la mesa de presentación. Tanto en la propia mesa como entre los asistentes, había muchas caras conocidas, muchas caras nuevas también. En todas se transparentaba una ilusión y una unanimidad ("una sola alma") sin precedentes.
     De alguna manera, aquel acto era la consecuencia lógica de un largo proceso de confluencia que se venía desarrollando desde muchos meses atrás. Compañeras y compañeros principalmente de la Asamblea Popular 15M, de Izquierda Anticapitalista, de Frente Cívico, de ADA, junto a vecinas y vecinos a título individual, veníamos colaborando en acciones y proyectos como la Consulta por la Sanidad, el Plebiscito Ciudadano, la Alacena Popular, Alternativas desde abajo. Nos conocíamos y apreciábamos con una armonía sin suspicacias. Descubríamos que era mucho más lo que nos unía que lo que nos separaba. Ya había empezado a plantearse la necesidad de encontrar espacios de confluencia.
     Así, cuando nos reunimos quienes, a través de Facebook, individualmente habíamos ido sumándonos al proyecto de crear un Círculo Podemos en Arganzuela, no fue sorprendente encontrar tal cantidad de rostros conocidos. Pero tanto aquellos que nos conocíamos más o menos de antemano como los recién incorporados respirábamos un mismo sentimiento de camaradería y de decencia política.

     Aquel 22 de febrero, después de las magníficas intervenciones de Bibiana Medialdea, Julia Cañamero y Manuel González; en calidad de moderador del acto, expliqué brevemente mi propia visión de lo que podría o debería ser Podemos, para lo cual eché mano de mis amados griegos.
     Referí cómo, en la antigua democracia ateniense, había dos conceptos, dos términos presentes hoy en nuestra propia lengua, si bien con un significado muy distinto del original. Son las palabras "político" e "idiota".

     En principio, el término "político" significaba simplemente "ciudadano", no en la acepción restrictiva y mefistofélica que le impone el nuevo partido homónimo, sino "ciudadano como sujeto que participa activamente en lo común, en los asuntos públicos"; mientras que "idiota" significaba simplemente "particular".
     En la Atenas clásica, no había una división entre "políticos" e "idiotas", entre "ciudadanos" y "particulares". Todo hombre ateniense, pues sólo los hombres eran susceptibles de participación en la vida ciudadana, ni mujeres ni esclavos --una de las rémoras de la antigua Atenas, si no justificable, sí comprensible en el marco histórico--; todo hombre, pues, era un "político" cuando actuaba en algún asunto que incumbía a la colectividad y era un "idiota" cuando se dedicaba a sus negocios particulares, sin el más mínimo matiz peyorativo. O sea, todo ateniense, en la democracia radical de Pericles, era al mismo tiempo un político y un idiota, un ciudadano activo en la toma de decisiones y un particular que atendía sus asuntos privados.

     Las democracias modernas han tomado prestado el nombre a la antigua lengua ateniense. Pero, a la hora de estructurar un marco participativo real, optaron más bien por el modelo republicano de la antigua Roma: un modo de participación a través de representantes electos, un sistema que escamoteaba la voz al pueblo, a la plebe, a la turba plebeya, a todos aquellos que padecían las crisis económicas de un imperio mantenido a base de costosos ejércitos, a todos aquellos cuyos gritos de protesta eran silenciados con espectáculos de circo y cuya aclamación del líder patricio era comprada con una hogaza de pan.
     Siguiendo dicha tradición romana, hemos divorciado ambos términos, convirtiendo al "político" en un profesional del clientelismo y en "idiotas" a todos los demás.
     Ya era hora de que dejáramos de ser sólo idiotas y asumiéramos también nuestra condición de políticos, de ciudadanos. Ya era hora de que tomáramos como ciudadanos las riendas de lo común, de lo que es de todos. Ya era hora de que construyéramos auténtica democracia.
     Podemos había nacido para ser esa herramienta que devolviera a los meros idiotas su condición de políticos. El propio Pablo lo había definido con un vocablo que en principio se me resistía al oído, pero cuyo significado no podía dejar de inducirme al asentimiento: el ya famoso y preterido empoderamiento.

17 de mayo de 2014. Podemos Arganzuela.
Acto electoral para las europeas.

     En aquellos momentos iniciales, Pablo Iglesias aludía o citaba con bastante frecuencia a los antiguos griegos, lo que conectaba directamente con mis más profundas convicciones, así como a Maquiavelo, lo que me chirriaba bastante. Pero él es el profesor y podía ser que a mí se me hubieran escapado aspectos fundamentales del pensador florentino, tan sabiamente anotado por Napoleón. Con el andar de los meses, Pablo ha ido disminuyendo las referencias a la Atenas clásica en beneficio del segundo.

     Sucede esto, sobre todo, desde el momento en que Podemos apartó a un lado sus pretensiones de ser una herramienta integradora de transformación social y de dignificación ciudadana y pasó a ser una máquina de guerra electoral, articulándose para ello con un criterio que no es mi intención aquí ni analizar ni enjuiciar.
     En principio, esta metamorfosis no debe presuponer necesariamente el abandono de una ideología o de unos principios, pero sí de una perspectiva pedagógica: el empoderamiento que hace de cualquier idiota un ciudadano, con lo que de nuevo vemos alejarse aquel ideal clásico de democracia participativa que en un antiguo poema califiqué como "la rebelión de las lombrices que se saben mariposas".

     Podría ser que tenga yo idealizada la antigua Atenas y su sistema democrático.

Atenas vista desde la colina del Filopapo.

     Evidentemente, no fue la panacea. Muchos aspectos concretos de su realización merecen un juicio negativo, nunca condenatorio sin antes haberlos situado en su contexto histórico.
     La democracia ateniense no es un modelo a reproducir fielmente. Es una idea, un ideal, un horizonte, una utopía. Y utopía no es "un lugar que no existe" y por lo tanto algo imposible, sino "un lugar que aún no existe", es el objetivo que va a marcarnos en todo momento la ruta, impidiéndonos perder el rumbo.
      Como en el poema de Kavafis, es nuestra Ítaca, nuestro destino, allí donde queremos llegar, tras habernos hecho durante el trayecto ricos en conocimiento y en dignidad. Pero, si prescindimos de ese objetivo lejano, de esa Ítaca en el horizonte, de esa utopía, atentos sólo a objetivos prácticos más inmediatos, o bien iremos dando bandazos a la deriva, según el cambiante soplar de los vientos, o bien nos estancaremos en el inmovilismo narcisista.

     Es el mismo inmovilismo que ha lastrado la mayor parte de las democracias modernas, creadas todas tras procesos más o menos revolucionarios burgueses, encaminados no a transformar sino a adaptar las antiguas estructuras de poder feudales a la nueva realidad de dominio industrial y financiero. Las constituciones en que se basan parten de un "pacto entre caballeros", pacto en que el común de las gentes nunca ha participado sino como refrendo borreguil y mudo, pacto que ha usurpado siempre el espacio propio del debate.

     A diferencia de las actuales, la democracia en Atenas no fue un decreto pactado en despachos cerrados y sacralizado mediante una constitución inamovible.
     El proceso que llevó, en el siglo V a.c., a la instauración de la democracia en la antigua ciudad-estado de Atenas había comenzado a principios del siglo VI a.c. con una circunstancial revolución que hoy calificaríamos de "burguesa", revolución controlada por el poder dominante para dar salida a la crisis económica de una población prácticamente esclavizada por las deudas y la falta de recursos. El encargado de su redacción, Solón de Atenas, junto a otras medidas de impulso económico que sentaron las bases para el posterior desarrollo comercial de la ciudad, prohibió la esclavitud por deudas (entonces, claro está, el FMI no existía todavía; de lo contrario, nunca habría permitido tamaña tropelía) y redistribuyó la estructura política para dar cabida en la Asamblea a las clases superiores no nobiliarias. Como apunte anecdótico, tras su confección, el propio Solón se autoexilió durante diez años, para que su presencia no interfiriera ni condicionara la aplicación de su programa.
     Esas medidas aliviaron momentáneamente la tensión social. Pero el camino hacia la democracia radical de Pericles, ya bien entrado el siglo V a.c., fue largo y tortuoso, pasando incluso por un largo período de tiranía, la cual curiosamente regaló al pueblo algún que otro derecho y ciertas mejoras sociales, de cara a debilitar el poder real de la casta nobiliaria.
     Luego, con el retorno de la libertad, vendría Clístenes, quien diseñó sobre el papiro una auténtica revolución popular a la que llamó democracia.
     Esa constitución, sin embargo, era una hoja de ruta, no las tablas de la ley conservadas en alcanfor dentro del tabernáculo. Su naturaleza fue transformándose a tenor de los tiempos hasta el brillante período de la democracia radical de Pericles, con sus luces y sus sombras.
     Y siguió transformándose luego, para bien o para mal, pero nunca idéntica a sí misma, sino maleable a las circunstancias sociales cambiantes; mostrando así que una auténtica democracia no puede perpetuarse como herencia histórica sin replantearse continuamente su propia naturaleza para responder a las necesidades del momento.

La Acrópolis desde calle Eolou,
en las inmediaciones del antiguo
ágora, núcleo de la vida política.

     ¿Qué aspectos de aquella democracia son los que me mueven a hacer de ella un horizonte vital?
     Aquí podría citar detalles concretos, como la rendición de cuentas bajo amenaza de ostracismo; o los sistemas complementarios de elección mediante sorteo para evitar personalismos autocráticos; o la obligación para los más ricos de sufragar diversos gastos públicos, con la opción de un intercambio de bienes para quienes se quisieran escaquear de sus obligaciones tributarias alegando su inferioridad económica frente a otros ricos.
     Pero, más que un concienzudo análisis político o histórico, es la filosofía que subyace a aquella estructura sociopolítica lo que despierta mi entusiasmo.
   
     Para explicar esa base ético-filosófica de la antigua democracia ateniense, nada mejor que un texto transmitido por Tucídides, justamente considerado el padre de la historia. En el segundo libro de su "Historia de las guerras del Peloponeso", reconstruye un discurso efectivamente pronunciado por el propio Pericles en el segundo año de aquella terrible guerra que durante casi cuarenta años enfrentó cruelmente a Atenas y sus aliados (regímenes democráticos) contra Esparta y los suyos (regímenes oligárquicos).
     No puede olvidarse ni que es un ejercicio de retórica política, y por lo tanto parcial, ni el contexto de guerra en que se produjo. El discurso describe aquel ideal democrático en unos términos que sólo pueden despertar la admiración y el respeto. Son de esas pocas palabras que devuelven la dignidad al ser humano, a pesar de todas sus torpezas y sus mezquindades. Bajo el pragmatismo de la circunstancia, alienta en ellas una sinceridad que no puede ser sino desesperada, dentro de los muros de una ciudad asediada por los curtidos ejércitos espartanos. La sinceridad de la utopía.

     Extraigo algunos fragmentos que me parecen más relevantes. Habla Pericles en un acto oficial ante la tumba de los caídos durante el primer año de guerra, no lo olvidemos:

     Usamos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de los vecinos, siendo nosotros mismos más bien ejemplo para algunos que imitadores de los demás. Se lo ha llamado con el nombre de democracia por no residir el poder en unos pocos sino en la mayoría. Y, en virtud de las leyes, hay igualdad para todos en las disensiones particulares; mientras que, para los asuntos comunes, en lo tocante a la dignidad, a cómo cada uno es estimado en algo, no se prefiere antes a alguien por su clase social que por sus méritos; ni tampoco, en caso de pobreza, ha sido rechazado, por la oscuridad de su condición social, el que tiene algo bueno que ofrecer a la ciudad.
(Tucídides, "Historias", II, 37)

     Amamos la belleza con sencillez y la sabiduría sin afectación. Usamos la riqueza como ocasión para la acción más que como motivo de jactancia. Y no consideramos deshonroso para alguien el ser pobre, sino muy deshonroso no hacer algo por huir de ella. Nos es factible atender al mismo tiempo los asuntos privados y los públicos, y quienes se dedican a los diferentes oficios están en condiciones de conocer los asuntos públicos no de una manera insuficiente. Pues somos los únicos en considerar al que no participa para nada en política no un hombre apacible sino inútil. Nosotros además analizamos y reflexionamos con exactitud sobre los hechos, no considerando las palabras un perjuicio para la acción, sino más bien el no haber hablado previamente, antes de ir a la acción con todo lo necesario. Pues también nos diferenciamos en esto: ser los más audaces y al mismo tiempo hacer cálculos sobre lo que vamos a emprender; a los demás la ignorancia les procura valor y el razonamiento, pereza.
(Tucídides, "Historias", II, 40)

     Resumiendo, digo que la ciudad entera es maestra de Grecia y que, a mi parecer, cualquier hombre entre nosotros podría acceder a una personalidad autosuficiente en muchísimos aspectos y con los mayores atractivos dentro de su versatilidad.
(Tucídides, "Historias", II, 41)


     Como decía anteriormente, con el transcurrir de los meses, las referencias a la antigua tradición griega prácticamente han desaparecido del discurso de Podemos. Y no sólo las referencias.

Octubre 2014. Asamblea Ciudadana.
Vistalegre. 

     En la pugna entre el carácter pedagógico y transformador y la urgencia del "asalto a los cielos", se impuso esta segundo opción, dejando muchas ideas, muchas iniciativas, muchas gentes muy válidas y capaces por el camino. Donde antes se buscaba el debate y el consenso, la participación directa en toda toma de decisiones; ahora, con la excusa de la efectividad política, entendiendo de nuevo política como un ejercicio reservado a iniciados o expertos, prima el pragmatismo conservador de una estructura vertical y representativa. Donde antes reproducíamos el tejido humano en una pluralidad de voces, ahora asentimos mudos a una concepción unívoca.

Asamblea Ciudadana. Vistalegre.
Compañeros de Podemos Arganzuela.

     Lo más grave es que las tensiones y suspicacias generadas en dicho proceso han arruinado la capacidad dialogante que dio origen a los Círculos, dejando a su paso batallas perdidas entre partidarios de uno u otro modelo. Pues toda batalla, aun la ganada en las urnas, manipulables como son todas las urnas, siempre es por naturaleza batalla perdida. Lo que cualquier batalla deja tras sí sólo puede ser derrota, derrota de aquello que nos hace personas: la capacidad de diálogo.

     La coincidencia de las recientes elecciones autonómicas (en las que Podemos, cual producto de supermercado, participaba como "marca propia") y las municipales (para las que en muchas ciudades se ha optado por confluencias ciudadanas) ha dejado un panorama complejo, que cada cual interpreta desde sus propios prejuicios; en general, con un horizonte mediato y oportunista que, por temor a abandonar el nido, prescinde de altos vuelos.

6 de mayo de 2015.
En el acto electoral Ahora en Común

   ¿Seremos capaces de desnudarnos de prejuicios y volver a sentarnos a reflexionar sobre la dura travesía hasta esa Ítaca en la que todos seamos sujeto y objeto de nuestro devenir individual y colectivo?


     ¿Podrá seguir siendo Podemos la herramienta para que dejemos de ser sólo idiotas y actuemos también como políticos?
     La transformación interna que supuso, primero, la Asamblea Ciudadana de Vistalegre y el posterior conjunto de decisiones y actuaciones que han llevado a la construcción de Podemos como partido político, ¿es sólo un atajo populista hacia la utopía o es el abandono efectivo de la utopía en aras de un supuesto pragmatismo?