"Ven. Siéntate conmigo en el césped
antes de que otro césped crezca con tu polvo y el mío."

(Omar Jayyam, Rubaiyyat)

domingo, 10 de noviembre de 2024

EL AIRE EN LA VELA. Presentación en Madrid (galería fotográfica)

 



El viernes 8 de noviembre de 2024, presentábamos en Madrid mi poemario El aire en la vela, de reciente publicación.

El acto, cuya numerosa afluencia creó un clima de cálida familiaridad, se celebró en un marco de ensueño, el espacio cultural Café María Pandora, apadrinado por Marcos Ávila, quien no sólo realizó un perspicuo análisis de los poemas, sino que amenizó el acto dando pie a un diálogo entre presentador y autor de lo más fructífero, intercalado con el recitado de algunos de los poemas del libro.

He de agradecer, en primer lugar, a Bohodón Ediciones, por el empeño puesto en la edición de este poemario, cuya respuesta inmediata a la recepción del manuscrito fue "lo queremos para nosotros", y por el esmero y cuidado en todo el proceso de edición y, en particular, el apoyo y presencia por parte de José Luis, presente en el acto.

Agradecer, sin duda, a Café María Pandora por volver a cedernos ese ambiente mágico que han sabido crear en torno a la poesía y la cultura, "Por favor, lea poesía" reza en una de sus paredes, donde hacer una presentación siempre resulta un acto entrañable.

Agradecer, por supuesto, a Marcos Ávila el empeño y la dedicación incondicional al libro desde el primer momento en que le propuse si aceptaba apadrinarme en el acto de presentación. Sus palabras son hijas de la inteligencia y la sensibilidad.

Agradecer a familiares, amigos y conocidos más o menos cercanos su asistencia y su receptividad, nombres que me calan hondo, como Mario Colleoni, Elena Taboada, David Casares, Eva Hiernaux, Luz Barahona, Ana Gómez, Amparo Cabal, Ana Camacho, Pedro Moraelche, Belén Heredero, Josefa Otero, Mariano Santacecilia, Concha Pulido, Rosa Sánchez, Rosa Mariño, Fernando García, Marisa Protomartir, Raúl Pérez, Mara, Alejandro Casares, Mariana, Belén Trilla, Sandruski Montero, Paco Canales, Rosa Arellano, Mª Jesús Galán, Arturo Martínez, Juan Argelina, Fernando Socayo, y seguro que me dejo a gente en el tintero.

En último lugar, que no menos importante, mi gratitud a la persona que me acompaña en los avatares de la vida y autor de las fotografías del presente reportaje, Javi Arellano.

GRACIAS A TODOS


Momentos previos a la presentación








"Por favor, lean poesía".










Comienza el acto












































































"Entre tu sonrisa y mi sonrisa
hay jilgueros que por el sol escapan de sus jaulas".



Con estos versos concluye la presentación

y se inicia la segunda parte,

la firma de ejemplares.




































































































































jueves, 8 de agosto de 2024

ELLOS, microrrelato

 



ELLOS


Oigo cómo se acercan, aun con las ventanas cerradas. Son ellos. Oigo desde el amanecer su tumulto aproximándose, apenas un murmullo al principio, como chinarros rechinando en la orilla, creciendo paulatinamente hasta convertirse en estruendo. Incluso sin verlos, sé que son ellos porque no hay quien destile en la voz tanta virulencia. Los esperaba desde hace tiempo, desde que pronuncié aquella palabra que me desnudó públicamente frente a sus mentiras y ponzoñas. La verdad escuece sobre el odio como ácido corrosivo y nunca van a perdonarlo, sería como admitir el vacío sobre el que sustentan sus propios demonios. Ellos son los que firman bombas que caerán sobre los desvalidos objeto de su desprecio. Quienes enarbolan un rencor criminal contra el diferente. Son la cuadrilla que avanza como manada brutal en libidinosa carnicería. Quienes asienten a que otros aprieten el gatillo con tal de no perder la seguridad de las correas con las que un amo anónimo los conduce. Escucho cómo fuerzan la entrada al portal y suben por la escalera en turbamulta. Tengo echado el pestillo. Primero me sentí seguro entre estas cuatro paredes, a resguardo de su furia vengativa, al calor de una madriguera. En cierto momento, comprendí que, más que refugio, había hecho de mi hogar trinchera, lo había convertido en celda de aislamiento. A medida que sus voces se hacen más próximas, más apremiantes, más violentas, peldaño a peldaño, temo que, en realidad, cuando hagan de su fuerza bruta ariete para el asedio, mi refugio no haya sido sino mi propia trampa. Los oigo ya en el rellano. Sus gritos carecen de toda lógica, mero estallido destructivo. No tengo escapatoria. Tengo una salida. Abrir la puerta que ya aporrean con palos y barras metálicas y mirarlos cara a cara, enfrentar a su máscara macabra la transparencia de mis dudas y mis certezas.