"Ven. Siéntate conmigo en el césped
antes de que otro césped crezca con tu polvo y el mío."

(Omar Jayyam, Rubaiyyat)

martes, 14 de julio de 2015

PODEMOS HA MUERTO. VIVA PODEMOS (reflexiones en medio de la tormenta)


PODEMOS HA MUERTO. VIVA PODEMOS
(reflexiones en medio de la tormenta)

     De la oruga a la mariposa. Del grano a la espiga. De el rey ha muerto a viva el rey. Del Podemos de la gente al Podemos del cambio.

18 Octubre 2014.
Asamblea Ciudadana Sí Se Puede

     Todo lo que está vivo se transforma. La vida huye de lo estático. Completamente cierto. Pero, en el proceso, ¿no podemos encontrarnos con que el resultado de la crisálida sea un lepidóptero insignificante y parasitario? ¿No cabe la posibilidad de que la semilla germine esa hierba invasora que ponga en peligro la necesaria biodiversidad? ¿Cuántas veces, si no siempre, la sentencia con que se saluda la muerte de un rey y la entronización de su sucesor despierta las mismas sospechas de aquel refrán que predice otro vendrá que a mí bueno me hará?
     La breve historia de Podemos es la historia de una profunda y veloz transformación, la metamorfosis de un movimiento algutinante y participativo, que allá en sus inicios sólo a regañadientes abandonaba su estatus asambleario y sólo nominalmente asumía la definición de partido, únicamente como imperativo legal para su asalto a las instituciones; hasta acabar convirtiéndose en una estructura monolítica y férreamente jerárquica, definitivamente consumada mediante la aprobación de un reglamento de primarias internas de cara a las próximas elecciones generales impositivo y excluyente.
     El descorazonamiento personal frente a este proyecto no es una pataleta circunstancial ni un berrinche victimista. Corroe no sólo fibras vitales de la propia sensibilidad, sino también planteamientos éticos irrenunciables.

     He escuchado estos últimos días argumentarios en defensa del actual modelo de partido que reducen la política a un mero juego de tronos, a un simple torneo por una posición de más o menos poder, divorciando la acción política de cualquier compromiso moral.
     Todos sabemos que la política, como los negocios, es una competición amoral.
     Pero eso mismo es lo que ya tenemos, y así nos ha ido. Para lo que ya tenemos, ¿necesitábamos nuevas alforjas?
     Una auténtica regeneración democrática sólo puede ir sustentada en una regeneración ética real.
     La erradicación de la corrupción política, que no es más que la gradación última en la amoralidad general de una sociedad liberal, individualista e insolidaria, amasada en la picaresca y el nepotismo, no puede acometerse únicamente con medidas administrativas, sino con la asunción general de unos valores de tolerancia hacia el que no soy yo, de efectiva igualdad de oportunidades, de respeto mutuo.
     Esos valores no se imponen por ley ni pueden ser nunca el resultado de la victoria en una confrontación electoralista. Se crean mediante el diálogo plural y una implicación responsable y altruista en lo común, sin personalismos excluyentes en los que deponer la propia responsabilidad.
     El empoderamiento no puede reducirse a una mera estrategia de diseño para imponerse entre las jaurías de la selva.

     Otro argumento muy difundido a favor de un Podemos rígidamente controlado desde arriba (ya que toda jerarquía, incluso electa, implica necesariamente un arriba y un abajo) presupone la incapacidad del individuo como sujeto de acción conjunta y, de rechazo, impone una visión militarista.
     Conquistemos el cielo, en orden de batalla. Ya desde las alturas conquistadas, lo arreglaremos todo, lo de dentro y lo de fuera.
     Pero toda victoria es una derrota. Toda victoria deja tras de sí el hedor de la muerte, la esclavitud moral o material de los derrotados, la destrucción de aquello que hizo del primate un ser humano: la palabra.
     Sólo vence auténticamente quien convence, y en todo convencimiento auténtico, más allá de la razón, juegan un papel necesario la bidireccionalidad del diálogo, una sensibilidad permeable, la empatía y la ilusión.
     ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?

     Dejemos a los expertos, dicen. Ellos saben. Ellos dan en el clavo, los demás aclamemos. De nuevo la aristocrática visión platónica de la sociedad, estamental y estática, con filósofos gobernantes y masa sumisa y acrítica.
     Pues nombrar expertos convierte al resto en necios. Pero en la naturaleza nada es absoluto. Todo experto guarda dentro de sí un necio, así como todo necio guarda dentro de sí un experto. Lo necio y lo experto están indisolublemente unidos en la constitución de todo ser. Imposible aislar lo uno de lo otro.
     Utilizar las energías de unos pocos, por muy potentes que éstas sean, despreciando la energía constructiva de la totalidad, es una irresponsabilidad que irremediablemente conduce al agostamiento. El monocultivo, si bien ha resultado a veces muy rentable, tanto a regímenes capitalistas como comunistas, a largo plazo siempre ha terminado destruyendo el propio suelo y comprometiendo el equilibrio ecológico.

     Hay quienes, en medio de este mar de tiburones de la economía global, ven en Podemos sólo una transitoria tabla de salvación para llegar. Sometámonos al timonel. Cuando lleguemos, abriremos de par en par las compuertas de la democracia.
     La transitoriedad, más que un alivio, supone un veneno mortal. Porque cuenta con la continuidad del sujeto y del cuerpo social, continuidad exclusiva de los libros de historia. El instante no existe, porque nuestra mente es incapaz de ser en el instante, sino en el recuerdo o en el proyecto. La percepción del instante transforma a éste en pasado, pues el proceso perceptivo se completa en el instante sobrevenido, cuando ya es futuro. Y la continuidad de los instantes en el tiempo hace de su ininterrumpida sucesión rutina, transformando la cualidad transitoria en sustancia permanente.
    No encuentro mejor resumen que un refrán griego: Nada más estable que lo provisional.

     Curioso también el maquiavelismo implícito en dicho argumento: Podemos es un medio para devolver a la sociedad lo que a la sociedad le ha sido robado. Y el fin, claro, justifica los medios.
     ¿No son esos mismos los fundamentos ideológicos de la globalización financiera, implementados por las políticas neoliberales de gobiernos cómplices, cuyas consecuencias pretendíamos combatir?
     Decía Nietzsche que, cuando miras a los ojos a un monstruo, corres el peligro de convertirte tú mismo en monstruo también.
     Necesitamos un cambio, sí, pero un cambio no sólo en el modelo económico, también en el modelo social y el ético, los tres pilares son fundamentales, indisociables. Y no hay atajos. No hay caminos perversos que conduzcan a la inocencia.
     El poeta griego y premio nobel Yorgos Seferis, diplomático activo durante la Segunda Guerra Mundial, escribía en un poema: "lo importante no es el qué sino el cómo, no el adónde sino por dónde".

     El argumento de un Podemos como vehículo instrumental (controlado y medianamente democrático) para unos fines sustancialmente diferentes de la propia herramienta (plena democracia) bebe en las mismas fuentes que la falsa dicotomía entre el fondo y la forma, entre el continente y el contenido, que el dualismo entre el alma y el cuerpo. Lo que no deja de ser un espejismo, cuando no una impostura.
     El medio es el fin, tal como el alma es el cuerpo.
    El continente no rompe el cascarón de la comunicación sino en el contenido, lo contrario es un balbuceo. Así como el contenido, incluso en el propio pensamiento, no llega a ser sino en el continente. ¿Alguien es capaz de pensar sin palabras, incluso una operación matemática?
     No puede haber un fondo ideológico sin una forma de expresión concreta que lo materialice. Y la expresión, toda expresión, incluso la escritura automática surrealista, brota de raíces que predeterminan su naturaleza.
     A propósito del lenguaje cinematográfico, Godard dijo que un simple travelling es ya una cuestión moral.
     Porque no somos hijos de lo que hacemos sino de cómo lo hacemos.

     Bien. Para ti la perragorda. Convengamos en que Podemos es sólo un método, incluso un buen método, para alcanzar las instituciones. Que los fines de la nueva política residen en último extremo en las personas.
     ¿Y por qué esa desconfianza en las personas?
     Se nos solicitó confianza ciega en unos líderes. La llamada a la fe resonó como trompeta apocalíptica en el palacio de Vistalegre.
     Después de trece años escolares sometido a las arbitrariedades de otra fe igualmente ciega y tan radicalmente incondicional, no está en mi naturaleza anularme a mí mismo en una masa de incondicionales.
     Lo confieso, me da miedo. La incondicionalidad ha conducido demasiadas veces a fanatismos, a fascismos, a totalitarismos. El mayor de los totalitarismos lleva más de dos milenios sojuzgando al hombre en la ceguera de la fe.

     Podemos, se nos dice, es un asalto a la vieja política, aprovechando las herramientas de la vieja política, para instaurar una política nueva. ¿Es posible que de lo viejo brote lo nuevo?, ¿que lo caduco engendre lozanía? ¿Es posible que de lo putrefacto surja nueva vida?
     La naturaleza y la historia nos dicen que sí. Pero también sabemos que, en toda metamorfosis, puede que del gusano surja una polilla, que de la semilla brote la cizaña, que a un rey inhumano le suceda un soberano criminal, que un cambio social acabe siendo simple transformación para que todo permanezca igual, que un ser humano cualquiera amanezca un día siendo una cucaracha.
          

     Un argumento de peso, con el que a menudo se intenta callar la boca a quienes todavía pensamos que otro mundo no sólo es posible sino también factible, se centra exclusivamente en la situación de miseria material a que han conducido las políticas neoliberales implantadas por los últimos gobiernos.
     Hoy comer y mañana aprender. Sacrifiquemos la capacidad de desarrollo integral, tanto en lo humano como en lo material, en aras de una urgencia social dramática y apremiante. Rescatemos a las víctimas de la rapiña capitalista y pospongamos el debate ideológico para mejor ocasión.
     Como si uno y otro proyecto no fueran complementarios e indivisibles.
     Sería yo un irresponsable si hiciera ojos ciegos ante la miseria a la que han conducido las políticas neoliberales a gran parte de mis conciudadanos, si olvidara que un estómago vacío es la sepultura de toda ética, de todo humanismo, de la propia democracia. Pero ¿es auténticamente responsable hacer una labor de fontanería en las infraestructuras económicas sin desatascar las superestructuras ideológicas en que se sustentan?

     Quienes así hablan, suelen tener en mente un concepto de partido como mero gestor asistencial. Entienden el Estado no como el espacio común sino como latifundio gubernamental.
     Lo asistencial genera docilidad y clientelismo. Andaluces y gallegos sabemos bastante de eso.
     Si no queremos que, en el mejor de los casos, la necesaria solidaridad social termine siendo caridad institucional, expuesta a los vaivenes de las urnas y a la ferocidad de los depredadores de lo público, no podemos hacer un viaje en solitario a por peces para hoy, tenemos que embarcarnos a aprender a tirar todos juntos de la red.
     ¿Acaso el humanismo crítico y comprometido resta fuerza al intelectualismo táctico? ¿No son fuerzas complementarias en una sociedad que se busca libre y democrática?


     ¿Soy demasiado ambicioso? En esto, sí, lo soy. Uno de los consejos convencionales que con más convicción repito a mis alumnos: Si aspiras a un cinquillo, puedes encontrarte con que has calculado mal tus fuerzas y no llegues al aprobado. Si aspiras a lo más, sacarás de ti lo más.

     ¿Es posible que una leona dé a luz una gacela?, ¿qué un águila empolle un colibrí?, ¿que un partido político estructurado internamente según modelos jerárquicos que arrinconan la divergencia sea capaz de generar un espacio público de libertad y de participación, plural y dialogante, no solamente satisfecho en lo material?

     ¿Soy utópico? ¿Extemporáneamente idealista? ¿Un derrotado? ¿Desconfiado?

     Como Odiseo, soy nadie, uno más, náufrago en medio de la tempestad. Docente, escritor, ciudadano. No aspiro a cargos ni a reconocimientos, que condicionarían mi anónima independencia. No albergo pretensiones de infalibilidad ni de adoctrinamiento.
     Sólo una persona que se pregunta. Alguien en busca de respuestas, que duda de las voces de sirena de la promoción.
     Un nadie más, agarrado al mástil roto de unos principios éticos, en medio del naufragio, para no ser arrollado por el temporal.


     El reglamento de primarias impuesto por la jerarquía supone el acta de defunción de un Podemos que abrazaba y aglutinaba frente a este otro, ensimismado en su propio espejo. Supone la metamorfosis definitiva de aquel Podemos como movimiento regenerador de la democracia española en un partido más dentro del juego de tronos del despotismo partitocrático.
     
     Cuántas personas, cuántas ideas, cuánta energía derrochadas por el camino.

     Pero el efecto más nocivo de todo este proceso ha sido la polarización y la crispación generadas dentro de los propios círculos.
     Donde en un principio se respiraba una camaradería entre ciudadanos de procedencia e ideología diversas, unidos e ilusionados en un proyecto común, personas que, como he dicho en otro lugar, buscaban sumar lo que nos une, restando lo que nos divide; hoy por hoy, las virulentas tensiones entre quienes asumen ciegamente la voz de las alturas y aquellos que difieren, no en el diagnóstico ni en el propósito, han resucitado lo peor de esa España goyesca y cainita del duelo a garrotazos.
     Sirvan de ejemplo algunos comentarios vertidos en la página Facebook del propio círculo:

     Hubo un congreso y hay una solidísima mayoría que no quiere fórmulas extrañas y un tanto onanistas. Quiere ganar las elecciones. Con Podemos, que es la herramienta creada para ello, ahí donde la izquierda cavernícola nunca ha tan solo soñado con llegar. Topos, mala gente, narcisistas, mediocres, ilusos y despistados, pueden enfilar la puerta de salida. No es obligatorio estar en Podemos.

     Aquí hay frívolos, buitres, aprovechados, trepas, narcisistas y simples tontos que se dedican a intentar hundir a Podemos, entre los aplausos de la peor prensa del Régimen.

     Habrá que plantear (y así lo pediré en una próxima reunión) la continuidad de los que, desde dentro del círculo, están intentando sabotear y destruir a Podemos. Son pocos, pero agresivos, dogmáticos, manipuladores. Pequeños talibanes de la derrota y el fracaso. No hay que tener temor a echarlos.


"Duelo a garrotazos", Francisco de Goya. Fuente de la imagen:
 https://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line...
     


     Tenía prácticamente desarrolladas estas reflexiones y tomada la decisión, cuando accedí a la lectura de los comentarios precedentes, entre otros muchos de similar cariz, que no han hecho sino confirmarme aún más.

     No dudo de que, si no existiera Podemos, habría que reinventarlo, o algo parecido. Que es absolutamente necesario en la coyuntural actual y sus fines, mis mismos fines.
     Pero ahora mismo el modelo organizativo y el fanatismo desatado dentro de los espacios de participación me asfixian y me destruyen. Me encajonan y me siento prisionero.
     Con gran dolor del corazón y de las amistades contraídas, he de tomar distancias. Necesito recuperar el significado de las palabras, lavarlas de consignas en el río de la vida.

     Podemos ha muerto. Viva Podemos.
     ¿Y ahora?